Churimo vivo, Churimo libre

Por: Juan Alejandro Echeverri.

San Rafael sabe lo que significa perder un río… amputarle una extremidad fluvial a la madre tierra. 

Represar un río es como privar de algún sentido a un ser humano, o cambiar una bocanada de aire por unos cuantos pesos. Aun así, el embrujo del mercantilismo ambiental no descansa en la modernización de su lenguaje, hace sumas y restas mientras duerme, diagnostica la fauna humana local, y usa lo peor de la publicidad para que sus presas caigan en la trampa de su camuflaje burocrático. El progreso publicitado y financiado por el interés económico privado huele a mierda de perro, y es sinónimo de retroceso. La dictadura del tecnicismo académico y científico sigue retando y compitiendo con la naturaleza, y autoproclamándose dueña de saberes y procesos que corresponden a la naturaleza, y a quienes encontraron y entendieron la forma de cohabitarla sin alterar su armonía. 

“El río [Churimo] es un hilo conductor que teje territorio […] Un entramado de relaciones sociales y ecosistémicas que generan vida”, dice Carlos Esteban Giraldo, integrante del colectivo Somos del Río y habitante de la vereda Arenal de San Rafael. Sobre ese pilar fundamental de la economía distributiva sanrafaelita, esa vena fluvial que oxigena con sus aguas al río Cirpes, la empresa Clear Waters S.A.S quiere construir una pequeña central hidroeléctrica que no está obligada a tributar impuestos al municipio. 

La corporación autónoma regional que vende lo que debería cuidar, y el empresariado criollo disfrazado de “funcionarios”, quieren hacer del Oriente Antioqueño una despensa hidroeléctrica. La región genera casi el 30% de la energía que consume y vende el país; una presunta nación que no es capaz de, al menos, iluminar cada rincón del maltrecho territorio. 

Ni los ríos, ni las montañas, ni la gente del Oriente soportan un proyecto hidroeléctrico más. La hidroenergia, sus financiadores y promotores están en deuda con el pueblo del Oriente Antioqueño. “EPM le entrega dos mil millones de pesos al año [a San Rafael], y la ciudad de Medellín se queda con toda la plata que debería regresar a un municipio que genera la energía”, anota Fredy Morales Clavijo, defensor de derechos humanos e integrante de la Veeduría Socioambiental de San Rafael. No es que la lucha esté perdida, es que la contienda es desigual y desleal. Mientras la gente de a pie hace malabares para enfrentar las promesas incumplidas y satisfacer necesidades básicas insatisfechas, el territorio es subastado en escritorios y fincas de veraneo.

Uno de los mandamientos del proyecto de desarrollo institucional que se ha impuesto, y se quiere seguir imponiendo, dice que en todo negocio hay ganadores y perdedores. Ganan siempre los que compran y explotan nuestros bienes, y pierde el pueblo que en una mano recibe las limosnas de los ganadores y en la otra las consecuencias de su ambición inquebrantable.   

´San Rafa´no quiere que ahora le arrebaten también el río Churimo. Por la importancia social y cultural, y porque es el único río en el Oriente Antioqueño con 500 metros de organales, ecosistemas de flora inexplorados por la ciencia. Es el Churimo un entorno prístino que alberga especies únicas en el planeta. 

Del 30 de octubre al 1 de noviembre, la Veeduria Socioambiental, el colectivo Somos del Río, y muchas otras voluntades del municipio, realizaron su segunda asamblea, marcharon, bailaron, sembraron árboles en la ribera del Churimo, firmaron acuerdos para proteger la biodiversidad del afluente, y recogieron 156 derechos de petición para que la audiencia pública ambiental del proyecto hidroeléctrico sea presencial y no virtual como estaba estipulado días antes de radicar tales derechos de petición.

Los habitantes del Oriente nunca han tenido la oportunidad de soñar su propio territorio. La guerra y el corporativismo les han violado hasta el derecho a participar en la toma de decisiones. El pueblo grita porque nunca quisieron escucharlo. Esos gritos son también canales por los que se manifiesta el agua y el territorio. Está en juego la autonomía y la participación en la planeación del territorio. Planeación que hasta ahora ha sido simple y llana imposición. Los actores civiles y sociales de San Rafael se preguntan hoy por hoy qué es un río libre. Los tegüalas [es decir las y los guardianes del territorio] tienen claro que las hidroeléctricas amenazan la vida del río y de todo el territorio. 

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Mira aquí un video resumen de la acción local por la vida y la defensa del territorio en el municipio de San Rafael.

https://www.facebook.com/856390801077378/videos/284996422930895

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