El prodigio, entre el lenguaje silencioso de las rocas y el grito de resistencia

Por: Lucas Rendón Muñoz.

Podrán talar un árbol y de seguro el bosque dará otro, pueden detener una quebrada y de seguro el río nos regalará otra, pueden cazar los pichones de la oropéndola negra y seguro volarán otras para anidar en nuestras montañas, pero arrebataran la memoria construyendo una autopista que pase por encima de vasijas, ahogue un río que corre libre represándolo y con ello borrando todo rasgo de nuestro pasado en las rocas, en ese caso, de seguro la naturaleza no podrá más que ver cómo nos volvemos olvido para otros tiempos.

***

Arnulfo Berrio me espera en su moto, me dice que es su mula y que hay que salir lo más temprano posible hacia El Prodigio, donde pretende enseñarme lo que ha construido en comunidad.  Este lugar de nombre milagroso es un corregimiento del municipio de San Luis en el Oriente antioqueño, reconocido por su riqueza geoarqueológica y patrimonial. Comenzamos el viaje y Arnulfo acelera su mula de patas de caucho; va mordiendo el suelo que pasa de ser asfáltico en la autopista hasta adentrarse en carretera destapada. Comienzan  las reflexiones y sin saberlo hablamos de arqueología. 

Un montón de rocas blancas llenaban baches en el camino, ya que una empresa, hasta hace poco, explotó parte de este territorio extrayendo piedra caliza para hacer distintos productos; una excavación que buscaba encontrar en las entrañas de la tierra material posible para su comercialización. Esta es imagen inicial, a este territorio llegan empresas e intereses políticos con miradas extractivistas como si los ríos, las montañas, los árboles, los animales y la memoria se trataran de despensas inagotables de recursos.

“El Prodigio creo que viene de una palabra que habla de milagro, a lo mejor a los primeros colonos les pareció que eso que estaban viendo ahí lo era —me dice Arnulfo—. Mire, al fondo está el Magdalena, ahí se ven algunos pueblos portuarios. Mire hacia esas montañas, son un corredor kárstico que llega hasta Puerto Boyacá, y detrás de esa montaña está el Río Samaná”. Efectivamente, siento estar por un momento en algo que al igual que el milagro se presenta como una manifestación mágica. Hay hojas formando montes a distancias azuladas, un aire limpio y un aroma a bosque y agua que me hacen sentir un ensueño vaporoso, quizás puede ser esto o el hecho de que ya estamos a 400 metros sobre el nivel del mar.

Una hora y 47 minutos fue lo que tardamos en llegar hasta El Prodigio desde el casco urbano de San Luis. Durante el viaje, Arnulfo me pone en contexto de los aspectos culturales y turísticos del lugar, de su trabajo en el equipo de Vigías del Patrimonio del municipio y el acompañamiento desde la coordinación de turismo. Desde allí, busca promover y conservar este lugar en alianza con otras personas que sienten esa misma necesidad de cuidar y fortalecer las luchas por la defensa del territorio.

Durante la visita a la Casa Cultural y La Esperanza, antes nombrada “la casa del terror”, se puede percibir la resiliencia; diferentes frases en las paredes dibujadas por la misma comunidad de El Prodigio hablan de reconocimiento y cuidado del patrimonio; en su interior aguardan algunos vestigios hallados en este corregimiento, dando muestras tangibles de otras manos creadoras en estas mismas tierras. Allí, en frente de una urna de cristal con fragmentos de nuestro pasado, Arnulfo se para en este presente como un guardián.

***

La historia de Arnulfo con el primer encuentro comienza una mañana del 2009 cuando en un taller de artesanía trabajaba una semilla fuerte. Mientras la manejaba en una de las máquinas del taller, esta rebotó contra el piso y salió disparada hacia la nada. Al buscarla, Arnulfo se dio cuenta de que estaba intacta; hazaña que lo motivó a investigar la procedencia de dicha semilla. 

Durante la búsqueda se vio en un bosque escudriñando una palma justo donde se encontraban vegetaciones igualmente antiguas que cubrían las montañas de piedra caliza. Al encontrar esta planta se dio cuenta de que en una de las rocas estaba tallada una figura zoomórfica de aspecto animal. Desde entonces, Arnulfo decidió conformar un grupo de voluntarios alrededor del patrimonio, con el fin de defender este lugar que en muchas ocasiones se ha visto amenazado por la minería y que hasta el día de hoy tiene en disputa varios títulos mineros para la explotación de piedra caliza y cemento. Entre las empresas interesadas en la explotación de este mineral se encuentra Argos, Calina Ltda., Holcim Colombia S.A, las cuales son responsables directamente de la  explotación de este importante lugar. Esto último se opone, finalmente, a lo planteado por el Ministerio de Cultura y Patrimonio que acreditó la ruta geoarqueológica desde el año 2020 y permitió hacer trabajo ecoturístico en la zona. 

***

Durante el viaje también me habla de la importancia de las comunidades, “casi siempre se imagina una sociedad ignorante que no se preocupa por sus costumbres y su pasado; el ganadero abriendo bosque para que pasten sus bestias, el campesino ocupado en su diario vivir y la juventud enfocada en cualquier cosa que provenga de otros lugares, Comenta Arnulfo,pero en este caso es distinto, son muchas situaciones en las que la misma comunidad busca entregar los vestigios que encuentran, ya que entiende la importancia de esto para su propia historia. Abrir caminos o defender bosques como muy bien saben hacerlo los colectivos y grupos de trabajo san luisanos son muestras de las resistencias que nos permiten seguir contando nuestra propia historia.

Salimos de allí y me lleva rumbo al monte, abriendo paso entre alambrados. En aquel lugar, como un viejo grande y sabio, se encuentra una de estas enormes montañas de roca gris cubierta por una selva verde, una quebrada con su cantar y entonces me prepara para el encuentro con el lenguaje silencioso de las rocas. Las aves y los mosquitos me acompañan por donde voy, hacemos silencio para escuchar con atención este lugar que sin decirlo se muestra como sagrado. Cruzamos la quebrada de un salto y al frente tenemos una cueva formada hace millones de años; su textura se asemeja a un cráneo o cualquier esquema óseo del cuerpo humano. Este  lugar   me recuerda la cercanía con nuestro entorno, por eso el calcio de los huesos y  la caliza en las rocas; el agua y la sangre; la piel y la vegetación.

Al entrar en aquel lugar me señala la palmera, y justo abajo se encuentra una de estas piedras que emergen de la tierra, una figura en alto relieve tallada con formas espiraladas muestra lo que pareciese un búho, y como guardián, antecede a una gran habitación de hace más de 400 millones de años, cuando tal vez el mar ocupó ese mismo lugar. Ante ese escenario es imposible no sentir el embrujo, el chamán dentro de la caverna, los metates y vasijas afuera con las plantas maceradas, los alimentos y los frutos producto de recolectas y cazas.

Por primera vez, reconozco la sensación del principio, ya no revestido por un imaginario de documentales donde los nativos van de taparrabos y usan flechas, sino aquella en la que somos habitantes místicos y sabios en profunda relación con la naturaleza. Siento lo que Arnulfo y muchas personas más buscan en El Prodigio: que a los habitantes del territorio se les cuide y se les respete la decisión de seguir habitado, cazando, cultivando, caminando, nadando y sobre todo, teniendo la posibilidad de hablar con nuestros ancestros.

Llegada la tarde salimos de aquel lugar dejando un enigma atrás que, a la vez, camina a nuestro lado como una gran pregunta que resuena siempre en toda la historia de la humanidad, ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?,  y ¿hacia dónde vamos con nuestro desarrollo?

Escucha aquí un #EnfoqueSonoro de esta experiencia en El Prodigio https://open.spotify.com/embed/episode/7xKhABqNaSPDosJVxoIYmW

35620cookie-checkEl prodigio, entre el lenguaje silencioso de las rocas y el grito de resistencia