Elogio a la radio

Ilustración: Lucas Rendón Muñoz

Por: Juan José Macía.

Crecí escuchando radio. Bueno, no solo radio… también crecí escuchando las eternas conversaciones de mis tías en la sala de la casa mientras tomaban el algo en las tardes de los viernes; además de los pasillos y bambucos que sonaban a las 7:15 de la mañana indicando el inicio de la jornada en la escuela del barrio. 

Pienso en esas sonoridades que hacen parte de mi paisaje sonoro: las narraciones deportivas, ya sean de fútbol o ciclismo, el chirrear de la puerta de la casa de mi infancia o el fluir del río al bajar por su cauce; entre tantos sonidos no sé cuál es mi favorito. Quizá escuchar el canto desentonado de mi madre al ritmo de ese programa radial de músicas latinoamericanas que suena en el AM en las mañanas de los sábados. 

La radio. Siempre la radio. En medio de todo el universo sonoro de la vida la radio siempre está presente: la voz de Diana Uribe contando historias del mundo, Jairo Luis García y sus salsaludos en Latina Stereo, las cuñas radiales que salían en los partidos de fútbol haciendo publicidad a cualquier banco o marca de café, o el sofocante relato del paisita. 

  • ¡Aló, aló, colombianos en el exterior! ¡Aló, aló, colombianos en el exterior! A la una y treinta minutos del día nueve de abril de mil novecientos cuarenta y ocho fue asesinado por un policía conservador el doctor Jorge Eliecer Gaitán…

Así anunciaba Rómulo Guzmán, locutor y seguidor de Gaitán, la muerte del caudillo liberal en un hecho que dio inicio al denominado periodo de La Violencia, en el cual la radio jugó un papel fundamental no solo en la difusión de la información, también en la transmisión de mensajes que animaban tanto a godos como liberales a los enfrentamientos y a la defensa de sus ideas. 

Ese 9 de abril de 1948 fue la segunda ocasión en la historia de la radio en que varias radioestaciones en distintos lugares del país se enlazaron para hacer la transmisión. La primera de ellas fue el 24 de junio de 1935, cuando el cantante de tango argentino, Carlos Gardel, falleció en un accidente aéreo en inmediaciones del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. 

Ese día Antonio Henao Gaviria, trabajador de La Voz de Antioquia, se encontraba en inmediaciones del Aeropuerto de Medellín donde ocurrió el accidente. A través de un teléfono le compartió información a Gustavo Rojas Isaza, director y locutor del radio periódico de esta emisora, otras radios a nivel nacional e incluso una radio de Argentina se enlazaron a esta transmisión. Ese momento es reconocido como el nacimiento del radio-periodismo en Colombia. 

Dos momentos trágicos de la primera mitad del siglo XX en Colombia. Las muertes de dos hombres queridos por el pueblo: Carlos Gardel y Jorge Eliecer Gaitán. Dos muertes que marcaron el nacimiento de una compañía que a partir de entonces está presente en los hogares colombianos: la radio. 

Gardel y Gaitán fueron el inicio de una historia con lo íntimo que permite el sonido y la soledad. Una compañía que ha hecho parte de la educación de los campesinos, la esperanza de los secuestrados, la información en medio de las tragedias naturales y de la guerra, la compañía de vigilantes y transportadores. 

Colombia es un país sonoro. La radio, por naturaleza, es testigo de la historia del país, y parte esencial en la construcción de un relato cultural en cada territorio o región de la geografía nacional. Siempre está ahí. Invisible. Con un aura de divinidad que cruza montañas, valles y llanos para esparcirse por el mundo y aparecer tras presionar un botón, mover la antena y girar la palanca. Es ahí cuando aparece la magia hecha voz, música o silencio. 

El 13 de febrero se conmemoró el Día Internacional de la Radio, esa caja mágica que nos hace viajar por el mundo, que narra nuestra historia, construye memoria y difunde nuestra cultura. En tiempos como los que vivimos, en medio de una sociedad hipervisual, la radio es resistencia y grita la necesidad de volver a escucharnos, de volver a encontrarnos a través del sonido. 

Este texto no es más que un elogio a la radio y una invitación a que cerremos los ojos y encendamos el dial, a que abramos los oídos y nos detengamos a viajar a través del sonido de la radio, del paisaje sonoro de nuestros territorios. ¿A qué suenan sus barrios, sus calles o veredas?,¿los parques de su pueblo o la plaza de mercado? ¿A qué suena el Oriente antioqueño? Cierren los ojos durante 30 segundos y piensen en el paisaje sonoro de sus vidas. 

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