¡Qué se resquebraje!

Por: Andrea Betancur Pérez.

El cristal, como comúnmente se le conoce al vidrio óptico o  vidrio plomo, es admirado por su brillo y característica incolora; todo visto a través de él se verá perfecto, debido a su transparencia indiscutible. Así de transparente y fina es la barrera que nos impide actualmente subir escaños en el camino de las decisiones públicas y los altos cargos, tan perfecta que es casi imperceptible ante los ojos del común. Esta barrera, que se ha denominado ‘techo de cristal’, no siempre fue de cristal, mientras menos se cuestionaban las injusticias e inequidades en contra de las  mujeres más oscuro era;  sin embargo, con las luchas y las victorias que se han conquistado a favor de la equidad y libertades de las mujeres, este se ha vuelto mucho más claro y difícil de reconocer, y en esto, el sistema patriarcal ha sido un modelo que trabaja el cristal perfectamente, ha sido un vidriero profesional. 

Actualmente en Colombia las mujeres representan el 51.2% de la población total, es decir, la mayor parte de esta, sin embargo, no significa que poseemos por lo menos la mitad de representatividad en todas las instancias decisorias de nuestro país, y a pesar de que las luchas por la paridad son constantes, aún el camino es largo y lleno de trabas. Solo el 19.7% del Congreso está conformado por mujeres, porcentaje que no varía considerablemente en la Cámara de Representantes, siendo para esta el 18.7%. En la participación local, debido al escaso control político y la poca formación ciudadana, las cifras son aún más desalentadoras, de 1.099 alcaldías, sólo 132 de ellas están encabezadas por mujeres, es decir el 12%, y en 9 departamentos aún no existen mujeres alcaldesas. Para el caso de los concejos municipales en Antioquia, sólo el 17.9% están conformados por mujeres, en comparación del 82.1% de la cifra masculina. 

Que el tiempo avance no es, indiscutiblemente, sinónimo de progreso social, y esto se puede evidenciar en el Oriente antioqueño en donde actualmente, sólo en 4 municipios de los 23 de la subregión, aumentó la representación de mujeres en los concejos, estos municipios fueron El Santuario, Guatapé, Marinilla, y San Luís, con la presencia de 3, 2, 3, y 4 mujeres respectivamente. En siete municipios la participación de mujeres se mantuvo, y en 12, disminuyó o  Algunos de los municipios que generan mayor preocupación son Alejandría y La Ceja, en donde no se ha contado con participación de mujeres en estos escenarios desde hace más de 6 años. 

Es preocupante que en 12 de los 23 municipios del Oriente antioqueño se haya reducido la representatividad de mujeres, encontrando incluso 7 municipios en los que esta representatividad es nula, como lo son  Alejandría, Cocorná, Concepción, Granada, La Ceja, San Francisco y San Rafael. Wilder Valencia, Concejal del municipio de San Francisco plantea que “la toma de decisiones al interior del Concejo municipal, especialmente en decisiones con sentido de género, se ha visto limitada a raíz de la falta de representatividad directa de la mujer en las curules del Concejo”. Bajo esta perspectiva, el Concejal plantea que “seguir avanzando hacia la igualdad entre los géneros, donde entendamos que todos somos merecedores y generadores de derechos, así como el respeto por el otro, y el trabajo en equipo entre hombres y mujeres para generar espacios de participación igualitarios, y  fortalecer la participación de la mujer en espacios de decisión son algunos de los grandes retos para San Francisco”. 

Los municipios con mayor porcentaje de representatividad de mujeres en el Concejo municipal son Guatapé y San Luís con 33.3% y 36.3% respectivamente, y de los 23 municipios, 3 tienen a una mujer en cabeza de la alcaldía, estos municipios son San Carlos, Alejandría, y El Peñol. No obstante, estas cifras que muestran un avance son bajas y no responden al porcentaje de mujeres en la región. De las 259 curules que conforman todos los concejos municipales del Oriente antioqueño, sólo 34 corresponden a mujeres, es decir, tan solo el 13.3% en comparación con el 86.3% de curules ocupadas por hombres. Este porcentaje visto desde el ideal mínimo de la paridad de cuotas en Colombia, que equivale al 30% de cargos decisorios ocupados por mujeres, tendría un déficit de 16.7 puntos porcentuales, sabiendo también que dicho porcentaje mínimo de paridad no responde a la representatividad real en proporción con la población femenina de Colombia.  

Según datos del Mecanismo de Aceleración Política de las Mujeres en América Latina y el Caribe, ATENEA, promovido por el PNUD y ONU Mujeres, se evidencia que la implementación legal y práctica de la Paridad Participativa en Colombia posee aún baches que dificultan el verdadero empoderamiento de las mujeres dentro de esferas de decisión. Para traer un caso puntual podemos hablar de la conformación de la Cámara de Representantes. La cuota de género no aplica en más de la mitad del territorio colombiano, ya que dicha ley es obligatoria solo para las  circunscripciones territoriales que posean cinco o más curules, ciertamente, en 22 circunscripciones (19 departamentos y las circunscripciones especiales indígena, afrodescendiente e internacional) no se cuenta con dicha característica. 

En relación con el sistema electoral y su interacción con la Ley de Cuotas, el Mecanismo ATENEA devela que “la cuota electoral vigente no contempla alternancia ni mandato de posición dentro de los partidos, lo que facilita que las mujeres sean ubicadas en lugares periféricos de las listas, que, aunado a la existencia de voto preferente, limita las oportunidades de elección de las mujeres”. Sumado a la patriarcalización matizada de la ley de cuotas, encontramos que otros de los hechos que le agregan grosor al techo de cristal son algunos de los imaginarios y concepciones culturales que se han enraizado en la cotidianidad de gran parte de la población. Según datos del Informe sobre la calidad de la ciudadanía en Colombia, realizado por la Registraduría en el  2018, se encontró que existe aún un 11% que está de acuerdo con la afirmación de que “en general, los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres” y un 20% considera que depende de la situación; es decir, aún existe un 31% que no da por hecho que las mujeres tienen las mismas capacidades políticas que los hombres, esto en un país que alardea con la paridad y equidad no es un dato secundario. 

Según el Informe Global del 2020 sobre las brechas de género, realizado por el Foro Económico Mundial, Colombia ocupa el puesto número 22 en el Índice Global de la Brecha de Género (IGBG), sin embargo, continúa siendo un país en donde las mujeres recibimos por nuestro trabajo un ingreso 12.1% menor al de los hombres, siendo casi el doble para nuestras compañeras del sector rural, con un 33.6% específicamente; un país en donde la tasa de desempleo de las mujeres es del 22.9% en comparación al 13.8% de la de los hombres; un país en el que el 77% del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es aportado por las mujeres; un país en donde sólo 132 de las 1.099 alcaldías están dirigidas por mujeres, es decir, tan sólo el 12% de estas; un país en donde sólo el 19.7% del Congreso está conformado por mujeres;  un país en donde solo el 18.9% de la empresas están dirigidas por mujeres, un país que habla de paridad, pero que un su práctica conoce muy poco.
Luego de 72 años aún sigue tan vignte como nunca la cita de Simone de Beauvoir en su libro el segundo sexo «La burguesía conservadora sigue viendo en la emancipación de la mujer un peligro que amenaza su moral y sus intereses. Algunos varones temen la competencia femenina. En Hebdo-Latin, un estudiante declaraba el otro día: «Toda estudiante que llega a ser médico o abogado nos roba un puesto»; Son las palabras de alguien que no se cuestiona sus derechos en este mundo«. Para terminar quiero citar a Ferderico Engels: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”, yo me atrevo a cambiarla y decir que “un sexo que oprime a otro sexo no puede ser libre”. Terminar con el patriarcado nos libera como sociedad, pues todos nos vemos coartados por sus ideales y su statu quo. LLegará el momento en el que el techo de cristal se resquebraje por completo, y cuánta sería nuestra suerte como sociedad si eso no fuera una ofensa para nadie.

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