El día del idioma, una conmemoración inconstitucional en una nación plurilingüista

Foto: Fulana Malafama

Por: Liceth Zuluaga Narváez. 

El día del idioma en Colombia no es más que la conmemoración al español, institucionalizado por el Gobierno Nacional el 6 de agosto de 1960 bajo la ley 002. Aunque bien es una fecha importante para la discusión que se instala en términos lingüísticos, no es más que una muestra de la vigencia de las políticas y prácticas dominantes propuestas desde el año 1.500 D.C en el continente americano.

El español/castellano, es entendido también como lengua propia o lengua madre: lengua limpia, fíjayda, esplendor:única, limpia y fija. Es así como ha sido definida en diferentes textos de la historia del castellano. Ahora bien, como lengua “propia” se instaló en Colombia hace más de 500 años hasta 1991, donde el discurso pluralista sobre los universos étnicos y diversidades culturales, asumido en la Constitución Política de Colombia, da cabida al reconocimiento de una nación plurilingüista que, entre otras cosas, sigue viendo desvanecer, entre las cortinas del olvido, las lenguas de las sociedades primigenias como resultado de un idioma impuesto. 

Para Marta Aliria Álvarez, multilingüista colombiana, el día del idioma en esta nación, no se trata de otra cosa que la conmemoración a la  homogeneización lingüística del español en un contexto nacional de múltiples lenguas. Que, aunque bien en sus propuestas legislativas reconocen la diversidad, las acciones reflejadas como nación en la difusión monologuista, apuntan al exterminio de las lenguas nativas, negando la transmisión intergeneracional o la falta de procesos de mantenimiento y revitalización de estas. Hay una evidente inconstitucionalidad en la conmemoración del día del idioma.

Homogeneizar, según la RealAcademia de la lengua (RAE), es entendido como la acción de unificar algo que está compuesto de elementos diversos para mejorar la calidad de un producto, al mismo tiempo es empleado en diferentes campos, dentro de los que se encuentran las ciencias de la alimentación, la química, la biología celular, entre otras.  

Ahora bien, ¿podemos con la misma precisión y cuidado, homogeneizar la cultura? NO¿Puede una nación plurilingüista unificar su idioma? Claramente sí y lo demuestra nuestra historia. Sin embargo, no siempre lo legal camina sobre los senderos de lo legítimo, hay en esos dos asuntos grandes abismos de distancia que se traducen en ética y justicia, una justicia que aboga por la diferencia. 

En Colombia los diferentes grupos humanos han venido construyendo sus propias formas de ver, pero también de nombrar el mundo, sus mundos. Esto significa que antes y después de la instalación del españolen el país, la población indígena, afroamericana y sus descendientes: mestizos, zambos y mulatos, con sus códigos lingüísticos, construyeron sus propias cosmogonías, dieron nombre a su entorno y sentido a sus vidas, vieron nacer la forma de expresión de sus sentidos. Es en este contexto donde el español y las demás lenguas nativas, vienen tejiendo una identidad múltiple que no se corresponde con esa unificadora y homogénea que promueven las ideas nacionalistas. 

El Ministerio de Cultura en la actualidad, viene promoviendo autodiagnósticos sobre la vitalidad de las lenguas nativas y aunque bien es importante, se hace necesario desarrollar estudios de carácter sociolingüístico que permitan comprender las razones que han llevado a los pueblos indígenas al abandono de las lenguas, de la misma manera que lleve a construir rutas para su protección, entendiendo al bilingüismo en estas comunidades como una posible estrategia.

Proteger las lenguas nativas es proteger nuestros universos culturales como nación. Por eso es importante transformar el panorama lingüístico colombiano que nos ha llevado a la desaparición de algunas lenguas como el betoi y el yahuna, pero que también tiene en latente riesgo al tinigua y el nonuya de los cuales existen pocos hablantes, y que según el Instituto Caro y Cuervo, no quedan sino ancianos que conocen algunas palabras.

Por todo esto, abrir las siguientes preguntas no es más que una apuesta que propende por el reconocimiento, valoración y difusión de las lenguas nativas en Colombia donde el panorama que se presenta es su acelerada extinción. La extinción de las lenguas nos habla de la extinción de las tradiciones y sus gentes.

¿En qué lengua se habla Colombia? ¿En qué lengua hablamos nosotros?O, como también se preguntó Patricio Marchant e intentado parafrasearle, ¿el español o castellano es ancestralmente, históricamente, legítimamente, nuestra lengua materna? ¿Para quienes?

Se ha dicho que el lenguaje es poder, entonces habrá que darle poder a los lenguajes, a los múltiples, a los diversos. A los que invocan Diosas desde la Sierra Nevada en bíntukwa; a los que entablan diálogos con jaguares en el Putumayo en Inga y Kamëntsa; a los que, al calor de las brasas del bosque deforestado, siguen escribiendo historias sobre paredes milenarias en el Guaviare, narrando a la antigua y la actual Colombia; a los que sueñan y hablan en wayuunaiki con el Juya en el desierto de la Guajira; a los que enaltecen en el Cauca a Quiwe, la tierra, en Nasa Yuwe; a los que cantan en kriol al son del mar en San Andrés; o a los que llorando y con cánticos emberá, se despiden de su tierra por el desarraigo, por el desplazamiento forzado del “progreso” que se prometió a Ituango. 

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