Elogio sin tierra

Fotografía: Juan Pablo Tobón.

Por: Un tal Juan…

Sí, buenas paisano, soy Juan, Joao sem terra, Juan cualquiera, a lo Piero: Pedro Nadie. Perdón, Nadie… Juan. Nadies somos muchos y muchos como nadie; entonces somos mayoría y sin ninguna deshonra, porque los nadies no somos, pero estamos por montones.

Florece el sol en todas las hojas, nace la mañana,

cosecha la montaña la tierrita de su ombligo

y el campesino vive así, sin más tierra que la del ombligo.

Con su parcela le basta para soñar y vivir las cosechas futuras.

Eso es resistencia…

En las manos de mis paisanos se anudan “los trabajos y los días”; en nuestras trojas anidan memorias milenarias que de mano en mano perviven y colonizan: las semillas.

Eso es resistencia…

Y así son nuestras memorias, sencillas pero profundas;

la montaña nos da de beber, de comer y también nos da de soñar en sus horizontes,

del suelo nacen los frutos con la complicidad del cielo,

y en ellos se disponen nuestras penas y sueños.

Así, arrimados a la tierra, resistimos ajuntados entre bestias y montes.

Eso es resistencia…

Tenemos la tierra embarrada en el alma

y aún así nos condenan,

nos recriminan de fantasías que desde la ignorancia maquinan,

porque el campesino no conoce otra ideología que la que la siembra le enseña.

No se da cuenta el tirano que el campesino es simiente

y cuando vuelve a la oscuridad del suelo,

como los 21 hermanos “sin tierra” masacrados en el Carajas, como los miles de campesinos y campesinas exterminadas de nuestra tierra Kariba,

serán cuerpos sembrados para volver a la vida.

Muchos de mis paisanos han caído bajo el yugo de la mala muerte, del despojo interesado y genocida;

pero a muchos de los que ya no estamos nos queda el consuelo

de que aunque nos quitaran las tierras no nos quitarían los amores ni las ganas de volver a ser raíces vivas.

Y con el infinito del monte y la parcela en la mirada

partieron miles a ser semilla para las nuevas generaciones,

porque el suelo tiene memoria,

porque a los paisanos no se nos olvida

que de la oscuridad nace la semilla.

Mientras nuestros hermanos “civilizados” nos vean como bestias

no podrán disfrutar de los dones y saberes

que no caben en los libros ni en las enciclopedias.

Mis hermanos civilizados le ponen precio a la tierra

pero ignoran, los compadritos, que la tierra no tiene dueño,

la tierra no tiene más señor o señora que quien la abraza sin pretenderla.

Y para mis paisanos sensatos del campo, la pretensión y el dinero son penas y apuros

de palmo a palmo se gana una tierra

pero de gota en gota se pierde un río;

porque la naturaleza da sin saber a quien.

Que mis paisanos no se duerman con ilusiones liberales de propiedad privada

porque de contar la tierra se vuelve escasa

y no hay peor mal entre familia que el egoísmo,

además la tierra es rebelde y esquiva,

no hay más dueño promisorio de la tierra que el que usa su herramienta.

Las herramientas del pico, las garras, los colmillos, las colas y los azadones,

las extensiones naturales del cuerpo

porque el paisano de animal algo tiene

de ellos aprendieron la maestría de la siembra, del servicio.

¿Para quién canta el pájaro la tonada?

¿Para quién siembra el guatín la almendra del árbol?

¿Para quién hace el armadillo su nido?

Para otro ser sin tierra que busca cobijo…

Eso es lo que la tierra nos enseña entre tantas vueltas y revueltas,

que el monte es la casa

que “somos para la tierra”

que los campesinos sabemos y queremos

que la vida sea libre, trepando de rama en rama,

eso es resistencia…

Resistencias humildes

porque esas no se las lleva nadie,

brotan de la tierra y de nuestras manos campesinas.

Esto es un elogio sin tierra

porque no lleva destino,

anda errante como la semilla

que de mano en mano prospera,

como el río que fluye sin que la piedra lo ataje.

Y en nuestras labores está nuestra esencia

que no es otra que ser fecundo y fuerte como la tierra

que no hay saber más grande que el que vemos y sentimos de los dones de este mundo;

y que no hay más cielo que el que podamos cultivar y defender en esta tierra

en memoria de los luchadores y luchadoras campesinas,

sembradas en estos campos orientales,

que sean luz y fuerza para las futuras generaciones.

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