Primer Encuentro Interregional de Mujeres defensoras de los territorios: Tejiendo luchas para nuestra autonomía

Por: Yenifer Giraldo Pérez, Kimberly Valencia y Alexandra Zuluaga.

“Pudiste sembrar los hijos, amamantar la tierra

y parir un hombre que amara el reverso de tu piel,

 pero no te alcanzaba.

 Saliste a gritarle al viento

y tus palabras mancharon los espejos de los poderosos

 y mojaron de savia nueva las manos de las gentes buenas;

 tu voz hizo camino y brillo en otras gargantas

que hoy silban tu nombre como bandera de justicia”

Luz Cassino, homenaje a Berta Cáceres.

Entre los días 13, 14 y 15 de marzo de 2020, en el municipio de Támesis, Suroeste antioqueño, cerca de setenta mujeres provenientes de las regiones del Nordeste, Oriente, Suroeste y Valle de Aburrá de Antioquia, nos encontramos para llevar a cabo el Primer Encuentro Interregional de Mujeres Defensoras de los Territorios del Nordeste, Oriente y Suroeste de Antioquia: “Tejiendo luchas para nuestra autonomía”. La fuerza del movimiento feminista y de mujeres alrededor del mundo y su participación política, social y comunitaria; así como la violencia feminicida, los asesinatos y persecuciones de líderes y lideresas sociales y ambientales; las políticas extractivas y la explotación de los territorios, entre otros, se convirtieron en las razones movilizadoras para crear una juntanza entre mujeres lideresas de los distintos territorios de Antioquia, como un ejercicio de (re)conocer las experiencias mutuas, en rostros de quienes resisten, transforman y crean en los distintos territorios alternativas para la vida digna.

Así, nos encontramos mujeres diversas, pertenecientes a diferentes organizaciones sociales: por el Oriente antioqueño: El Movimiento social por la vida y la defensa del territorio –MOVETE-, La Red de Acción frente al extractivismo –RAFE-, el Movimiento de mujeres de La Unión, Colectiva Awa, Asociación María Martínez de Nísser, Asociación Campesina de Antioquia –ACA-; del Nordeste antioqueño: ASOVISNA: Memoria y dignidad, COCOSOP; del Suroeste antioqueño: Cinturón Occidental Ambiental –COA-, colectivo Jóvenes por la defensa del territorio –JODETE-, del Valle de Aburrá: Colectivo Princesas Menstruantes, la Batukada Estallido Feminista y la Corporación Jurídica Libertad –CJL-, con el objetivo de posibilitar el diálogo e intercambio de experiencias entre diferentes mujeres que vienen luchando por la defensa de sus territorios, el agua y la vida; para fortalecer acciones y construir estrategias conjuntas que visibilicen el papel estructural de las mujeres en las luchas territoriales.

Nos encontramos mujeres adultas, adolescentes, niñas, afrodescendientes, indígenas, campesinas, estudiantes, universitarias, mujeres trans, emprendedoras, investigadoras, madres, aborteras… Esta diversidad posibilitó reflexiones alrededor de lo que implicaba ser mujer y ser defensora en los territorios, y también de cómo nos estábamos organizando a partir de los procesos comunitarios, de nuestras prácticas y saberes. Reflexionamos, así mismo, sobre lo que implica ser mujer y a su vez ser indígena, campesina o afrodescendiente, y cuáles son las diferentes violencias que se ejercen sobre nuestros cuerpos-territorios. No obstante, para comprender la complejidad de estas reflexiones, la planeación metodológica del encuentro, resultado de 8 meses de diálogo y concertación, la cual estuvo liderada por mujeres jóvenes del Oriente y el Suroeste, permitió la interacción tanto intrarregional como interregional, en donde las mujeres de las diferentes subregiones pudieron conversar acerca del contexto local-municipal y a su vez enlazarlo a lo regional por medio de una cartografía territorial y corporal, lo que posibilitó entender nuestros cuerpos como el primer territorio en donde se ejercen violencias pero también como el primer lugar a defender; nos permitió afianzar que el territorio, desde una perspectiva más integral, como lo hemos señalado en otras publicaciones, no sólo implicaba un espacio material, identitario y eco-sistémico, también atraviesa las corporalidades que habitamos.

Nos reconocemos como guardianas de las semillas, los ríos, las montañas, la vida y la diversidad que habita en la tierra y en nuestros cuerpos. Reconocemos la importancia de tejernos como compañeras y defensoras de lo que habitamos, desde el reconocimiento de la otra, de los diferentes contextos, luchas y resistencias. Recuperando la memoria de defensoras como Betty Cariño (México), Macarena Valdés (Chile), Marielle Franco (Brasil), Berta Cáceres (Honduras), Ana Fabricia Córdoba (Colombia), Viviana Cuéllar (Colombia), y reconociendo la labor por la defensa de la vida, que llevan a cabo en el país, Francia Márquez (Proceso de Comunidades Negras –PCN-) y Aida Quilcué (Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC-), conectamos nuestras resistencias a las luchas globales y nacionales, con el reconocimiento de mujeres latinoamericanas que han sido víctimas de feminicidios políticos, y otras sobrevivientes de agresiones, amenazas y hostigamientos, por su labor en la defensa territorial y los derechos humanos de las mujeres. Además de liderar las luchas territoriales abogamos por la recuperación de espacios donde históricamente hemos sido invisibilizadas, pues somos parte de los espacios asamblearios, comunitarios, y organizativos, resaltando la importancia de generar autonomía en la toma de decisiones y el manejo de economías propias como base para una vida libre y digna.           

El nombrarnos desde distintos lugares de enunciación, a partir de nuestras vivencias y cotidianidades, nos dio lugar a comprender y reconocer el lugar de las otras, sus contextos, luchas y resistencias. Un ejemplo es que a la hora de reconocer las diferentes formas y manifestaciones de organización territorial, encontrábamos que las mujeres más adultas están organizadas alrededor de procesos productivos, potenciando la autonomía económica, mientras que las mujeres más jóvenes se están organizando alrededor de procesos formativos y de movilización social. Sin embargo, hay algo que encontramos que es un común denominador en todas las organizaciones, en su mayoría mixtas, de las cuales somos parte: nuestra participación sigue estando supeditada a roles que históricamente han sido asignados a las mujeres y que han sido feminizados; somos las que realizamos el trabajo “de hormiga” en los procesos comunitarios, y estamos expuestas al desprestigio de nuestro liderazgo cuando exponemos situaciones de violencias al interior de las organizaciones, en las que encontramos una respuesta limitada o nula a esta problemática, pues se considera que hay otras luchas más urgentes. Sumado a lo anterior, en la mayoría de las veces, son los hombres de las organizaciones, quienes adquieren los liderazgos y representan los espacios; frente a esto, muchas de las mujeres de los procesos organizativos manifestaron que no habían tenido la posibilidad de estar en un espacio liderado por mujeres y para mujeres, lo que les parecía valioso para generar redes de apoyo y confianza en el rol de liderazgo.

Además del reconocimiento del contexto, de los procesos organizativos en los que participan las mujeres, sus luchas y resistencias, para cerrar el encuentro, realizamos una movilización por las calles del municipio de Támesis. Desde la juntanza carnavalesca, comunicamos, exigimos, mani-festejamos y denunciamos, al son de consignas, batuques, bailes y cantos, que:

  • Las políticas extractivistas y minero-energéticas están arrasando con la vida y la salud de los territorios, generando desintegración de los tejidos comunitarios, recrudeciendo las violencias estructurales contra las mujeres, los niños y las niñas.
  • El incremento de políticas que le apuestan al exterminio de la diversidad y la libertad de pensamiento, tienen como consecuencia la normalización de la violencia contra las mujeres y el alza de feminicidios y transfeminicidios en los territorios.
  • La concentración de la propiedad de la tierra en Colombia excluye a las mujeres, las revictimiza como principales víctimas del conflicto armado, y  pone en peligro su autonomía económica y la posibilidad de una vida digna, violando los derechos a la reparación integral y las garantías de no repetición.    

A poco más de un año, reconocemos que, si bien este no es el primer encuentro subregional de mujeres – pues históricamente las mujeres del Nordeste, Oriente y Suroeste antioqueño han gestado espacios de participación política y ciudadana -, sí fue el primer precedente de un encuentro interregional de mujeres defensoras del territorio en el Departamento, en el que dignificamos el encuentro y la juntanza como nuestra forma de organización política lo que nos permite expandir una fuerza colectiva para la defensa de nuestros cuerpos y nuestros territorios, comprendiendo la relación de la violencia contra las mujeres y el extractivismo, reconociendo que las defensoras están expuestas a unas situaciones especiales de riesgo debido a su labor y que esta violencia es estructural. Urge entender que para instalar el sistema capitalista hubo que someter a las mujeres y que, junto con los sistemas de dominación como el racismo, clasismo y sexismo, se sostiene este modelo económico de muerte, lo que nos permite concluir que hacer procesos de defensa del territorio sin un cuestionamiento sobre las formas patriarcales que someten a las mujeres en la sociedad y la cotidianidad, y que se replican también en los movimientos sociales, es funcional al saqueo de los territorios. Exigimos entonces, tal como lo concluimos en nuestro manifiesto, que ni las mujeres, ni la tierra somos territorio de conquista.

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